Basado en hechos imaginarios: Reseña (XXV): El eterno Retorno

19 may. 2016

Reseña (XXV): El eterno Retorno

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Esta es un poco la esencia de "El Eterno Retorno". Una Tierra devastada en la que una sociedad fuertemente estratificada ha logrado sobrevivir en una ciudad volante, Tarso, que les mantiene separados de los salvajes o desterrados, quienes sobreviven en un nivel próximo al de animales sanguinarios en los desiertos de nuestro planeta. A unos 55 millones de kilómetros de distancia, parte de la especie humana ha hecho de Marte su hogar, con añoranza de su Tierra natal.

Muchos secretos en un pequeño universo

Lo peor es el prólogo


No es este el modo en el que me gusta empezar las reseñas, pero es necesario decirlo. No se debe dejar esta novela tras haber leído las primeras páginas, porque la novela mejora considerablemente poco después. Sin embargo, el autor lo arregla rápidamente con la introducción de sus tres personajes principales en escenas cargadas de intensidad y buen uso del castellano.

El ritmo, sin duda


Lo mejor de la novela. Ágil. Directo. El sistema de cambio de punto de vista y personaje le da gran velocidad a la lectura y hace que te empapes con las palabras, avanzando con rapidez a través de la historia. Eso hace de esta novela algo entretenido, que es lo que pretende ser. Ciencia ficción sin grandes aspiraciones metafísicas.

Es por ello que los combates tienen tanta importancia como peso en ese dinamismo. Hay mucha acción. Combates espaciales; combates en tierra, o en una plataforma flotante; uno contra uno; uno contra muchos y combates en el interior de naves.

Es cierto que las escenas de acción las ves venir, porque el autor las ha introducido cuando la trama se ralentiza, pero eso no quita para saber apreciar lo bien narradas que están. Los proyectiles de plasma llenan de agujeros humeantes tu salón hasta tres veces por página.

Personajes para encariñarse


Hay dos personajes bien trabajados y un tercero algo más soso. Aziz, es el mejor de los tres, es un trabajador de La Colmena, una zona del extrarradio de Tarso que alberga a la clase trabajadora y oprimida. Es, siempre, un superviviente generoso. Trata de salvarse a sí mismo cuando debe, pero sin que ello signifique abandonar a los demás. Se palpa ese conflicto entre su moral y su instinto desde los primeros capítulos y es el rasgo que le acompaña durante la novela.

Térica es guardiana de Tarso. Es frágil, fisicamente, lo cual compensa con equipo y entrenamiento, lo cual hace de ella un personaje vacilón y acostumbrado a dar órdenes y que estas sean obedecidas. Pese a sus propios dilemas es una de esas personas que hacen lo que deben hacer.

Y Nolan es un cabrón. Es un arrogante y vanidoso. Yo, yo, yo, yo y algún nosotros que se le escapa. Solo le importa él, por mucho que piense en esos hijos que abandonó sin dudar. Solo le importa él y el legado de su familia, que antepone incluso a su propia familia. Es fácil odiarlo y desear que alguien le humee la cara de un tiro.

Falta world-bulding


Ojo, la ambientación no es mala, y el autor la muestra para que la comprendamos. No obstante, se percibe que le falta algo de profundidad y detalles, que ha dejado mucho a la imaginación. ¿Recordáis lo que he dicho antes del ritmo? Pues aquí le pasa factura: la velocidad hace que pierdas el hilo de algunas tramas y sea necesario releer. 

Es algo que el autor seguramente resolverá en la continuación de la saga, porque tendrá continuación, y es presumible que haga de la saga algo que merezca la pena leer. Este primer libro lo es.
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